Solitarios
todos nosotros en mitad de la noche
lo observamos entrar
cantando con el viento filoso
que cargaba en su espalda,
el borracho
ultimo desecho del insomnio
vomitaba palabras de su mundo
cosas pesadas como sus ojos
y nosotros
solitarios y en mitad de la noche
escuchábamos el susurro
ininteligible
el idioma de aquello que el tiempo
azota, sin tregua
como su boca partida
por tanto licor
que incendiaba memorias.
El borracho
quiso que lo escucháramos,
lo intentó pero nosotros
somos los mortales
en sus pupilas
vemos el hueso y la lápida
el final inevitable,
decidimos no oírlo
escapar
pero sus palabras fueron
sentenciosas
un cuerpo cayendo en
mitad del invierno
rompiendo el equilibrio,
todos nosotros cayendo
y el borracho
con su rostro sin vida
enarbolando la sentencia
como el final.
El borracho
el único sabio
en esta noche de aquelarres
bajo el frío que acuchilla
como las palabras
que no termina de decir y
que no terminamos de entender,
como el invierno absurdo
o las lagrimas pesadas
de memorias, que caen
como todo eso que
el borracho olvidará
por la
mañana.