Uno se pone viejo y fisura temprano
me dijeron mientras meditaba
mirando el horizonte,
así fue que escapé con mis vasos y botellas
arrastrando mi hígado perdido en la huida
solo para que esa afirmación no me atrapara.
Llegué a tiempo para ver desvanecerse todo,
la noche se ocultó entre los paquetes
de cigarrillos que invadían el suelo,
las botellas vacías como tristes ídolos del olvido.
Y con el brillo del sol, también brilló mi rostro,
las verdades se desparramaron en el baño
y nadie quiso juntarlas.
Las fotos se desvanecían detrás de las manchas de húmedad,
ya no necesitaban mirarme
pero yo a ellas si.
La radio susurraba plegarias insensatas,
las ultimas palabras resonando
en la soledad del cuarto.
Al final eramos
mi vaso medio lleno
dos puchos arrugados
y yo,
todos observando el reloj
que me juzgaba desde la pared
con su monótona sentencia.
¡Recién son las tres!
me reprochó.
Uno se pone viejo y fisura temprano.