Me gusta despejar mis dudas en el balcón,
las arrojo violentamente
contra la calle.
Las veo clamar, pedir piedad
escucho sus gritos
que suben enérgicamente
trepan los arboles
llegan hasta mi balcón
me llaman con todos mis nombres
y yo, egoísta
las ignoro.
Vuelvo a mi cuarto
para no escuchar
el plop que emiten
al ser aplastadas por uno o dos autos.
Siento sobre mi piel su muerte
fría y sin sentido.
Veo el eco que reverbera
entre las paredes,
entre los arboles que son testigos
de mi noche
asesina.
Me invade el remordimiento
por dejarlas padecer en la calle.
Extiendo la mirada y encuentro
el cuerpo inerte
tan secreto y misterioso,
estallado de incertidumbres
que manchan la calle
con un azul onírico.
Cobarde que soy
al despejar mis dudas
en el balcón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario