A veces en la tarde
recuerdos de la infancia invaden la casa
junto con el sol que se apaga,
y esa brisa de todosestanporvolver
trae un aroma de viejas canciones
y miradas que persisten en fotos amarillas.
Entonces yo no se que hacer
cerrar la puerta sería dejar a alguien huérfano
ignorarlos es un golpe que todavía no aprendo a dar.
El gato sobre la mesa sonríe
frente a tanto frenesí desatado por mi
y mi yo de 5 años que revuelve libros
para encontrar dibujos con letras grandes,
y mi yo de 12 años que todavía
llora de amor.
A veces en la tarde
los patios de la infancia
(en donde perseguíamos al perro
y escondíamos juguetes tesorosin/convalor)
son como una lluvia fina que cae afuera
y adentro todos
aun tomamos leche chocolatada.

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