9 de junio de 2013

Cavilaciones

Llueven entre los ojos pequeñas infamias
como monedas olvidadas en
el rincón de esa casa oscura.
Son  nubes que crecen y se desdibujan
para parecerse a aquello
que nos molesta.

Hoy el día estuvo soleado
brilló como los días de
infancia, como la mañana
despertando entre tus brazos;
y ninguna nube pareció
amenazar las formas premeditadas,
el sentido atrapado en cuatro paredes
con un sujeto y un predicado,
un sustantivo que sea llamativo y
un verbo que no te haga dudar de lo que lees.

Pero las nubes permanecen
expectantes, aunque no las veas.
Con el sentido y la forma cambiante,
como la conjugación de ese verbo
tan irregular, o el trazo de
este lápiz que todo intenta escribirlo.

Yo amo
Yo amé
Yo amaré
Yo amaba
Yo habré amado
Yo sigo amando

Pero mejor sigamos con
el beso, el ritual que nos devuelve,
el lecho
el abrigo
la copa dulce.
Olvidemos el lenguaje, no
molestemos a las palabras amor.
Todo eso que dije ya
lo sabes, está implícito,
grabado en la sonrisa,
en el gesto de besar
amor.

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