18 de agosto de 2013

Jornada

Ya nadie lee poesía en la calle.
En los colectivos los trenes,
en los autos, esconden
las palabras que dibujan las
paredes, las ruedas y los asientos;
que saltan a la cara
de la gente de mañana;
esas personas que se despiertan
después de haber dormido
junto a su reloj; luego de
haber soñado con horarios
part time y estudios o parciales;
u horarios full time que son
amantes de tiempo completo
y de tan celosas no dejan ver
a los chicos, ni leer poesía;
no dejan que se asome ni una palabra
ni que dibujen una metáfora;
y entonces el cielo
ya no es una fotografía incendiándose
lentamente para los ojos;
y ahora es el papel tapiz que
esconde las soledades de
esa gente part time/ full time;
y los sentimientos deben cantarse
mano levantada mediante,
siendo respetuosos y pidiendo
permiso y por favor,
para no interrumpir
alguna reunión importante;
y no quebrar la rutina
que es un papel tan frágil
y tan blanco, que dan ganas
de dibujarlo, de rayarlo y
mancharlo de colores;
o de escribirlo si se nos  
despierta el Girondo;
y de pronto aparecen las nauseas
porque ya no caben los paisajes,
ni los autos, ni los transeúntes;
y es necesario vomitar
en una esquina;
pero vomitar despacito y
elegantemente para
que nadie se alarme;
y así poder seguir la rutina
porque se nos va el colectivo
y el tren llegará retrasado;
y no queda tiempo para
el papel, los cielos o los sentimientos;
y tampoco en el subte hay lugar para
andar guardando paisajes que
se alejan tanto mientras
el grito se pierde entre
las entrañas de la ciudad;
y los rostros matemáticos cuentan
estaciones como si deshojaran
margaritas seriamente,
pero sin el sabor de la
incertidumbre y el amor,
solo con las ganas de llegar
a casa y comer y charlar;
y antes de dormir leer un poco,
mirar de reojo una frase
una palabrita que susurre algo;
porque en la calle no hay tiempo
para leer, tampoco hay espacio;
y sin embargo los crepúsculos
siguen saltando frente a los ojos;
y entonces la noche
se arrima a la ventana,
la compañera que es una paz
hecha de besos y sonrisas,
las mascotas duermen
y buenas noches, mañana
será otro día en donde
nadie leerá poesía.

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